Atravieso velozmente la noche, centenares de farolas quedan atrás, farolas que hacen que la carretera adquiera un color anaranjado.
Vamos solos, tu y yo, bueno, y ella rugiendo embravecida bajo nosotros, quiere ir mas rápido aun y le doy permiso con un leve giro de muñeca.
Noto como el frío de la noche acaricia mi piel, pero en ese momento me niego a sentirlo, solo siento como te aferras fuertemente a mi cintura, incluso durante un instante, me parece sentir tu aliento agitado, excitado por la velocidad, disfrutando la sensación de libertad que ese momento nos brinda.
Sin ser consciente de ello sonrío, no puedo dejar de hacerlo, no quiero que este momento termine. Llevo brevemente mi mano izquierda a tu pierna para asegurarme de que sigues ahí, y vuelvo a acelerar aun mas, intentando escapar del mundo, intentando escapar contigo.
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